1ª etapa: Primer anuncio

2º etapa: Iniciación cristiana

3ª etapa: Vida Pascual...

4º etapa: ...en la Comunidad

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Tema 12: Catequesis de iniciación a los sacramentos

En muchas sociedades y cuturas se habla de "iniciación", de "ritos de paso" que coinciden con ciertos momentos relacionados con la edad (adolescencia) o con alcanzar ciertas metas sociales (madurez, inserción en el mundo laboral...). Se habla de iniciación también para quien aprende alguna actividad de tipo liberal, como iniciar al estudio, introducir en las artes musicales, etc.

También en catequesis se habla de "iniciación" a la vida cristiana. Esta expresión recorre con frecuencia nuestras reflexiones. Partimos precisamente de aquí, clarificando el significado de esta palabra, premisa indispensable para poder afrontar el tema de la preparación a los primeros sacramentos.


1. UNA REALIDAD PROBLEMÁTICA QUE NOS INTERPELA

Cuando se hace un cristiano a través de un verdadero "catecumenado", la expresión "iniciación cristiana" adquiere su sentido pleno e indica inequívocamente aquel conjunto orgánico de elementos que hacen a una persona efectivamente "cristiana". La "iniciación cristiana" así entendida está constituida por varios momentos y/o eventos que se suceden en una lógica ordenada, proporcional al crecimiento de la persona en todas sus dimensiones. Por lo tanto, la aplicación de una secuencia de intervenciones formativas: partiendo del "primer anuncio" del evangelio de la salvación, progresivamente se pasa a su profundización en la catequesis, a experimentar la actuación en la vida cristiana (oración, obrar, moral, pertenencia a la comunidad), a celebrarlo como don de gracia en los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Estos tres sacramentos son llamados "sacramentos de iniciación cristiana" que en su celebración tiene lugar el encuentro con Dios que hace al hombre "criatura nueva" ("cristiano").

Pero todos sabemos que la experiencia de un verdadero catecumenado es numéricamente muy limitada, casi inexistente entre niños y jóvenes. Para la mayoría de esa edad se va a catequesis, y de ese conjunto orgánico que constituye la "iniciación cristiana" vienen activados sólo algunas partes y con frecuencia poco coordinadas. Una situación obviamente difícil con la que los párrocos y los catequistas deben necesariamente enfrentarse. Cierto, el deseo es aquel de poder llegar a una situación nueva, plenamente coherente, del modo de hacerse cristiano hoy. Mientras en la Iglesia se trabaja seriamente en esta difícil empresa, los párrocos y catequistas sienten la exigencia de encontrar modos concretos de entervención para ayudar a los niños y adolescentes de hoy a hacer hoy cristianos. El empeño inmediato debe obviamente desarrollarse en la perspectiva de renovación: se gestiona el presente con una mirada de futuro. Y precisamente con este espíritu vienen ofrecidos en este tema  estímulos para la reflexión y orientaciónes operativas.

Un trabajo prioritario: hacer "verdad" los sacramentos

Con los niños y adolescentes ya bautizados, una de las tareas pastorales más vistosas y sentidas es ciertamente el camino de fe hacia los sacramentos de la "iniciación cristiana". En concreto, habiendo sido ya celebrado el bautismo, se trata de gestionar de la mejor manera la preparación a la Confirmación y a la Eucaristía.

La pregunta que los párrocos y catequistas no pueden eludir es: ¿Qué podemos hacer razonablemente para ayudar a estos niños y jóvenes a comprender y a vivir los sacramentos que reciben de modo que sean significativos para su vida humana y cristiana? ¿Qué hacer para que no sean sentidos como simples y vacíos ritos, sino que sean vividos como acontecimientos que transforman radicalmente la existencia?

Aquí vienen datos para cuantos trabajan en la catequesis, algunas orientaciones para elaborar su servicio de preparación a los sacramentos.

Hacer madurar las motiviaciones

Cuando los padres inscriben a su hijo a la catequesis, lo hacen porque desean que continúe en su familia la pertenencia cristiana. Pero con frecuencia las motivaciones son menos conscientes y claras. A veces, simplemente se quiere hacer como todos: no quieren que su hijo sea distinto de los otros. La petición aparece entonces como simple tradición.  A menudo, también los párrocos y los catequistas parecen contentarse con una preparación que garantice un conocimiento suficiente de las "principales nociones de la fe" y un mínimo de conciencia en la que los niños lo recibirán.

* En cuanto a la Confirmación, sabemos que con frecuencia con este sacramento se cierra el camino de la formación y se interrumpe la relación con la comunidad eclesial, mientras es, precisamente, el sacramento que debería empujar a vivir en serio el bautismo.

* El camino catequético toca solo marginalmente los adolescentes: no cambia el modo de pensar y vivir. Cierto, algo a través de la catequesis llega. Hay también la conciencia de que el sacramento recibido introduce de un modo nuevo en la Iglesia. Pero es problemático el hecho que la mayor parte de los adolescentes abandonan enseguida (después de la Confirmación) la práctica cristiana y la vida eclesial.

Entre las causas más inmediatas  de esta decepcionante incidencia de los sacramentos de la Eucaristía y de la Confirmación, podemos indicar las siguientes:

  1. La preparación de estos sacramentos viene vivida como algo que se necesita hacer. Como quien va a la escuela, así se va a la catequesis y se deja implicar sólo durante ese periodo en la vida eclesial. Pero una vez que se ha recibido el sacramentos se acabó: ¡se es libre!

  2. Muchos padres no viven aquello que piden para sus hijos. Los niños ven claramente que los adultos con sus actos no expresan la realidad sacramental recibida, que sus opciones no tienen ninguna referencia a aquello que reciben en catequesis.

  3. La iniciación sacramental viene con frecuencia en un contexto parroquial lejano de la vida real. Se trata de una catequesis que no llega a interesar y a implicar de verdad a los niños: no influye bastante su vida como para ser significativo a sus ojos.

¿Qué hacer, entonces, para superar esta dificultad? ¿Para obtener que la Eucaristía y la Confiramción sean algo importante para ellos? ¿Qué estrategias utilizar para que los sacramentos recibidos no resbalen sobre su vida y no conlleve el adios? ¿Qué contribución específica dar a los catequsitas?

2. INICIAR A LOS SACRAMENTOS: POR QUÉ Y CÓMO

La catequesis tiene, ciertamente, la función de transmitir los contenidos esenciales de la fe cristiana. Este servicio para el conocimiento de la fe, por el hecho de realizarse hoy en el contexto de una sociedad secularizada que induce a vivir sin referencias religiosas, aparece particularmente urgente y comprometedor.

Si se añade que también la familia, un tiempo  cuna de la fe, no trasmite con frecuencia nada de cristiano, se comprende que en los encuentros de catequesis deben partir del principio y explicar y contar todo, también la realidad más elemental y central de la tradición cristiana.

Iniciación a los sacramentos e introducción a la vida cristiana

La catequesis, sin embargo, no puede reducirse a una simple trasmisión de nociones. Si en un tiempo se tenía un tipo de "cristianismo social", siendo envuelto en un ambiente globalmente favorable a la vida cristiana de base y una educación fundamentalmente cristiana, hoy no es así. La catequesis, debiendo suplir estas carencias, deberá llegar a los niños de un modo más global: no solo en lo intelectual, sino también en lo afectivo. Deberá iniciarles de manera experiencial en la pertenencia eclesial, en la celebración, en el comportamiento moral cristiano, en el servicio.

Para ser "iniciado" no basta haber conocido verdades que creer; es necesario entrar en una vida nueva, la vida cristiana.

Hacer entrar en el misterio de Dios vivo

En esta perspectiva el catequista trabaja como "maestro de vida cristiana", como testimonio (ver tema 3) profundamente identificado con eso que trasmite.

* Cada catequista siente este servicio como irrenunciable. Así desde siempre lo han sentido los cristianos. El Evangelio ha llegado a nosotros a través de una palabra calurosa y el testimonio de vida de los apóstoles: "Os he trasmitido aquello que también yo he recibido", escribe San Pablo en la primera carta a los Corintios (11,23; 15,3). Y unos cuantos capítulos antes había dicho: "Yo no puedo dejar de anunciarlo, ¡y hay de mí si no lo hago!" (9,16). San Pablo sentía el deber de trasmitir a los otros aquella experiencia que estaba viviendo y que ya había cambiado la vida. La suya ha sido una fuerte experiencia personal: aquella que debe hacer cada nuevo cristiano: el volver a proponer la alianza entre Dios y el hombre, una historia de amor, de una amistad intensa, única, que pueda llenar la vida. Este modo de sentir, participado y comunicado es requerido en particular en la catequesis de iniciación a los sacramentos: sólo así, de hecho,  el sacramento, superada la barrera del simple rito viene percibido y vivido como un acontecimiento de salvación.

3. INICIADOS "A LOS" SACRAMENTOS Y "POR LOS" SACRAMENTOS

En la celebración del Bautismo, el rito de la inmersión en el agua (o infusión) es seguido de la unción con el crisma (aceite consagrado y perfumado), por la imposición de las manos (por parte del obispo) y por la participación ,por primera vez ,de modo pleno en la Eucaristía.

Esta es la forma originaria de celebrar los "sacramentos que hacen a un cristiano", en uso no sólo en la antiguedad, sino también hoy cuando se ha realizado un verdadero y propio catecumenado.

La celebración de los sacramentos es preparada por la instrucción catequética y por una fuerte implicación existencial durante los meses o los años del catecumenado. Por la preparación y por la misma celebración de los sacramentos debe emerger con claridad su verdadero significado: son encuentros de salvación entre Dios y el hombre en el cual Dios regala su alianza al hombre, mediante su Hijo Jesús; nace así el cristiano, marcado por una nueva relación con Dios (relación entre el Padre y el hijo) y por un modo de vivir nuevo (la vida cristiana): y todo esto, en Cristo y mediante el Espíritu Santo.

* Esta iniciación a los sacramentos es una tarea específica de la catequésis. Escribe Juan Pablo II en Catechesi Tradendae 23: "La catequesis conserva siempre una referencia a los sacramentos. Por una parte, una forma eminentemente de catequesis es aquella que prepara a los sacramentos, y cada catequesis conduce necesariamente a los sacramentos de la fe. Por otra parte, una auténtica práctica de los sacramentos tiene necesariamente un aspecto catequético: en otros términos, la vida sacramental se empobrece y se convierte en seguida en un ritualismo vacío, si no es fundada sobre un serio conocimiento del significado de los sacramentos. Y la catequesis se vuelve intelectualista si no toma vida en la práctica sacramental".

* Los catecismos de la Iglesia italiana para la iniciación cristiana de los niños y de jóvenes proponen itinerarios de iniciación a la vida cristiana a través de los sacramentos. Las propuestas pedagógicas son explicitadas en las páginas para la comundad.

Pero la iniciación a los sacramentos no debe ser un camino forzado. Es un camino de fe que "se propone" a los niños, los cuales deben hacer su elección para aceptarlo. Es una experiencia personal que supone un acto libre.

Los sacramentos que hacen al "hombre nuevo"

Presentamos una breve síntesis de la "novedad" que se realizan a través de las celebraciones de los sacramentos de la iniciación cristiana. La breve síntesis ofrece muchos puntos para una primera catequesis global sobre este tema.

* El rito del Bautismo comienza con la acogida. Estáis fuera, pero una comunidad (padres, padrinos, sacerdote) te llevará dentro. Dios realiza tus deseos de ser "alguno", pero a un nivel inaudito. Sois llamados por el nombre por Dios. Sois salvados por el anonimato.

* Sobre tu frente trazan el signo de la cruz. Ungen tu cabeza con el santo Crisma en el Bautismo y  repite este gesto en la Confirmación. Recibes el sello del Espíritu. Sois propiedad de Dios.

* En la manera que los sacramentos proceden, también la pertenencia se cualifica:

- Estás sobre la puerta; apenas has entrado, pronuncias las primeras palabras; apenas has dicho "sí" (Bautismo).

- Estás en la iglesia, con los otros fieles. El obispo te impone las manos y después unge con el Crisma tu frente. Perteneces a una determinada Iglesia, local, a una diócesis. En la que Dios te ha colocado (Confirmación).

- Estás a la mesa. Eres comensal de Dios. Cristo no te llama más siervo, te llama amigo. Puedes decir: "no soy yo quien vive; es Cristo quien vive en mí". Estás en el lugar de la máxima familiaridad. Tienes ya la anticipación del banquete eterno de cielo (Eucaristía).

La petición de querer celebrar el sacramento

La petición del sacramento es hecha por el niño mismo o por sus padres, que deben acompañarlo en esta decisión. Si se oponen, la petición, en general, no será atendida.

Para que un niño pueda afectivamente elegir, debe haber seguido ya la catequesis durante un cierto tiempo (unos dos años) y recorrido un camino de fe. El itinerario es una cosa seria y comprometedora, que reclama un discernimiento.

* Para saber si un niño puede ser admitido a celebrar un sacramento se debe verificar:

  • - su deseo de conocer a Jesús y de seguirlo;

  • - sus conocimientos adquiridos en la catequesis, y más aún el gusto por la Palabra de Dios y por la oración;

  • - su participación en los encuentros  y su relación con los otros niños;

  • - su ambiente familiar y su nivel de pertenencia a la comunidad cristiana local.

* ¿Quién hace este discernimiento? Normalmente el párroco, siendo él el responsable de la evangelización y de la catequesis en la parroquia. Pero no lo hará sin tener en cuenta el parecer del catequista, de los padres y de los mismos niños.

El párroco, de acuerdo con el grupo de catequistas, puede pedir a los niños preparados para recibir el sacramento de la Eucaristía y/o de la Confirmación el expresar de forma original tal deseo (con una carta o dibujo). Es un modo de hacer oficial la petición y de subrayar la seriedad.

* Ante la petición de celebrar un sacramento, se tenga presente que:

  • - es necesario tomarse en serio la petición del niño, también si lo ha hecho sin demasiada consciencia o convicción;

    - se debe hacer entender claramente a los niños (y a sus padres) que es indispensable un tiempo de preparación, evitando que tengan la impresión de entrar en un periodo de estudio de corte escolástico. Para hacer las cosas bien, conscientemente, es necesario un cierto camino: éste, dicho de manera adecuada, viene fácilmente comprendido y acogido por los niños;

    - es necesario decir en seguida que una de las cosas más importantes es tener el deseo de cumplir este camino no sólo, individualmente, sino junto a otros niños, con los que se podrá hacer una primera experiencia de la comunidad-Iglesia;


    - se debe hacer entender enseguida -posiblemente antes de iniciar los encuentros de grupo- que aquellos que piden el sacramento es en realidad un "invitado" por Jesús: su petición es el encuentro de dos libertades y de dos voluntades, aquella del niño que quiere caminar con Jesús y aquella de Jesús que quiere encontrarse con el niño.

¿A qué edad?

Volveremos sobre este problema más adelante, hablando de la edad de la Confirmación. Se tenga comúnmente presente, en general, que son indispensables un adecuado camino y la conciencia de celebrar el sacramento de la fe. Y entonces no hay edad más indicada que otra para celebrar un sacramento o para hacerse cristiano. Más que la edad cuenta la convicción, la fe en Jesús, el deseo de vivir como cristiano.

¿QUÉ HACER CON QUIEN NO HA RECIBIDO EL BAUTISMO?

A veces, participan en la catequesis niños no bautizados. En el momento de la inscripción el párroco o el catequista se informa si cada niño ha sido bautizado.

Las etapas del camino de preparación al Bautismo

Se necesita tiempo para favorecer una toma de conciencia y para consentir a los niños no sólo el tomar su justo puesto en la Iglesia, sino también el dar una respuesta personal a la llamada de Jesucristo. Para complir este camino, el ritual prevee cinco etapas, marcadas cada uno por una celebración litúrgica.

* Primera etapa: la acogida por parte de la Iglesia de la petición del Bautismo.

* Segunda etapa: entrada en el catecumenado, con el signo de la cruz y la entrega del Evangelio.

* Tercera etapa: el rito penitencial (llamado también escrutinio), en el que se pide a Jesucristo tener la fuerza para luchar contra el mal.

* Quinta etapa: el tiempo conocido como mistagogia, que se concluye en Pentecostés, que es tiempo de profundización de cuanto ha sido vivido y de ingresar más conscientemente en el misterio de Dios.

* Cuarta etapa: La celebración del Bautismo en la noche de Pascua, con la profesión de fe y los ritos del agua, de la luz, del vestido blanco y del santo crisma.

Estas etapas permiten a los niños, y al grupo que le acompaña, de progresar en el conocimiento profundo del significado de su bautismo. Son ocasiones para entender mejor eso que Dios le llama a vivir.

4. INICIAR A LA EUCARISTÍA

Toda la catequesis prepara al descubrimiento de la Eucaristía, pero  es también una preparación más específica e inmediata a la primera participación plena en la celebración de la Misa. Esta preparación es gestionada por el párroco y por los catequistas, en armonía con los padres de los niños.

* La catequesis específica para preparar a un niño a la Misa de Primera Comunión está centrada sobre el significado de la Eucaristía en la vida del cristiano. La Eucaristía lo introduce y lo hace partícipe en un modo más pleno y dinámico en la vida de la comunidad eclesial. Los catequistas hacen entender que la Iglesia por siempre se reúne cada domingo para celebrar a Jesús Resucitado. Es Jesús mismo quien ha querido que sus amigos se encuentren juntos para partir y compartir fraternalmente el pan.

* Con la Misa nos convertimos y nos sentimos pueblo de Dios. Es en la Misa del domingo que se manifiesta y crece la Iglesia como comunidad eclesial. En la misa nadie es extraño, pero todos se sienten hermanos, hijos de un único Padre, Dios.

* Jesús para dar un signo tangible de su presencia entre nosotros no ha elegido una piedra preciosa o cosas raras y costosas: ha elegido el pan y el vino, las cosas más simples, que no suele faltar ni en las familias más pobres. Y esto para que ninguno pueda decir: ¿Cómo hago para procurarmelo? En ese pedazo de pan y en aquel vino se hace presente Jesús, nuestro Dios, el Creador y Señor del cielo y de la tierra.

* Los niños están ciertamente en grado de entender (es necesario adaptarlo) que se pueden comunicar con Jesús no sólo recibiendo el Pan Eucarístico, sino también amando a lo otros, orando, escuchando la Palabra de Dios, viviendo la fraternidad en familia y con los amigos. La Comunión eucarística propiamente dicha debe ser comprendida por ellos como momento culminante y al mismo tiempo como fuente de otros modos de encontrarse con Jesús, de hacer comunión con Él.

* Se hace notar como tres evangelistas -Mateo, Marcos y Lucas- cuentan la primera Eucaristía vivida por Jesús con sus apóstoles el jueves a la tarde, antes de la gran Pascua hebrea  y antes de su Pasión y muerte en cruz. Juan, sin embargo, recuerda que Jesús ha introducido en esta cena el gesto de "lavar los pies". Por ello la Eucaristía debe ser siempre acompañada por el amor servicial hacia el otro.

Los tiempos de la preparación

La preparación de la Eucaristía puede ser hecha:

- durante los encuentros habituales de catequesis, profundizando, algunas semanas antes de la celebración, el tema de la Eucaristía. Naturalmente, esto es posible en el grupo en el que todos hacen la Primera Comunión el mismo día o en días cercanos;

- con los padres en casa;

- en un tiempo a parte: puede tratarse de media jornada o de uno o dos días en los que sea posible hacer una experiencia de vida común, de reflexión y de oración que ayude a los niños a captar la importancia de lo que se preparan a hacer;

- en una serie de encuentros con los que harán la Primera Comunión.

Es preferible distinguir el tiempo de preparación a la Primera Comunión de lo que es la preparación a la primera Reconciliación (Sacramento del perdón o confesión). Cada sacramento tiene una preparación específica.

La celebración

Hacer la Primera Comunión es una cosa entusiasmante y es vivida de manera que no falte la belleza, ni un clima de alegría festiva, ni, sobre todo, momentos de verdadera oración.

¿Cuándo celebrar la Primera Comunión?

Son posibles soluciones diversas:

* en un único día en cierto momento del año, mejor durante el tiempo pascual, pero no demasiado adelante, de manera que se pueda hacer algún momento de catequesis después;

* en días diversos a lo largo de los domingos del tiempo pascual, en pequeño grupos, cuidando el aspecto festivo.

Algunas atenciones en la preparación:

* Sea los niños o los adultos se sienten más tranquilos cuando saben bien qué cosa deben hacer, los gestos que deben realizar, las palabras que deben decir. La celebración debe ser sobria, bella, inteligible.

La decoración de la iglesia, la iluminación, la regulación de los altavoces, sean cuidados (los padres pueden participar en la preparación). Sean previstos lugares para todos. Si estas cosas funcionan, se ha creado un atmósfera.

* Los catequistas y otros adultos acogen el ingreso de los padres y los niños, dan el folio de cantos, encuentran su lugar, proponen la asistencia de los jóvenes... Se crea así un ambiente fraterno. Se aprenden algunos cantos. Se dan las normas precisas para las fotografías (con humor, mejor que con agresividad). La celebración puede comenzar.

* Se hace participar a todos, con alguna actividad específica, en la celebración. Por ejemplo:

- un adulto de la comunidad dice una palabra de acogida;

- los padres presentan a los niños y su decisión de que hagan la Primera Comunión;

- algunos catequistas introducen y leen la Palabra de Dios;

- los niños muestran un cartel sobre la Eucaristía que han hecho en catequesis;

- algunos adultos y niños proponen las intenciones de oración, llevan al altar los dones en el momento del ofertorio.

*Es oportuno usar una de las tres plegarias eucarísticas para la Misa de los niños, con las aclamaciones cantadas (y acompañadas de gestos).

* Se cuida el movimiento de los niños hacia el lugar donde recibirán la Comunión y el gesto específico de la Comunión.

* La fiesta en familia tiene su propio valor, entre otros contribuye a subrayar la importancia del acontecimiento.

En la medida de lo posible, se ayudan a los padres a conservar el carácter religioso, y a considerar la Primera Comunión como la etapa de un camino y no como el punto de llegada.

"Durante la celebración me dirigo a los padres con un tono calmado y distendido. Tengo presente que algunos no son creyentes o son poco practicantes, pero invito a la asamblea a rezar" (don Piero).

¿Están preparados? ¿Quién lo decide?

El juicio viene dado en base a algunos criterios objetivos y con una atención particular para cada uno.

* El niño recibirá la Eucaristía con seriedad si manifiesta su deseo de conocer a Jesucristo, de encontrarlo, de vivir con Él. Cada niño será ayudado para leer el Evangelio con su grupo de catequesis, a orar, a vivir fraternalmente con los otros. Todo eso requiere tiempo. Así, antes de admitir a la Primera Comunión, la comunidad cristiana indica alguna exigencias. Por ejemplo:

- seguir regularmente la catequesis durante algunos años;

- participar de la Misa (debe tener en cuenta la presencia de niños);

- declarar la propia intención de continuar en la catequesis.

Los padres deben ser informados enseguida de las exigencias.

* cada niño debe ser interpelado y debe poder expresar su deseo. Los adultos, catequistas y padres, pueden ayudar al niño hablándole personalmente. Quien es ansioso, tendrá necesidad de ánimo, quien "corre" demasiado se le ayuda a reflexionar.

*Tamién a un niño más o menos difícil se propondrá una buena preparación, correspondiente a sus posibilidades.

"Mi hija ha hecho la Primera Comunión con mucha seriedad. Creo que está madura. Está contenta por haber pedido su parecer y que no haya discutido con ella" (Giusepina).

El rol de los padres

Siendo la Primera Comunión dada a los niños, es fundamental que los padres sean partícipes personalmente de la comunidad en las decisiones y en la preparación a la celebración del sacramento. Esto será sobre todo tarea del catequista, pero al inicio toca al párroco tener hacia ellos una actitud positiva, no pensar necesariamente que no están interesados en el acontecimiento sino implicarles y hacerles sentir responsables. Es ésta una magnífica ocasión para el párroco y los catequistas de vivir la propia vocación misionera entre muchas familias que con frecuencia tienen una relación débil con la comunidad eclesial.

* Algunas familias no muy cercanas a la comunidad parroquial pueden descubrir, a través de un contacto más frecuente con la comunidad y con otras familias que existe una Iglesia diversa, más acogedora y simpática . En este sentido, también una Primera Comunión puede favorecer un nuevo camino de integración.

* En los encuentros personales y en las reuniones de grupo con los padres, el catequista buscará el pasar de un discurso sobre "cosa que hacer" a una reflexión sobre los hijos y las exigencias de su preparación a la Eucaristía. Los padres son invitados  a recordar su Primera Comunión, a decir eso que representa la Misa para ellos, a explicitar las preguntas que se hacen a propósito. Este intercambio de reflexiones y de experiencias de ser guíado con cuidado por el catequista para que resulte respetuoso con todos y eficaz.

* Los padres deben participar activamente en el camino de fe del hijo, ayudados también por algún material. Libros de uso fácil. Es, sin embargo, deseable que el catequista encuentre el tiempo de estar con los padres y sugerir el modo de utilizarlo, haciendo descubrir la Eucaristía también a ellos.

* Una atención particular se debe prestar a los padres divorciados, que no se sientan incómodos temiendo ser excluidos o rechazados. Juan Pablo II, en su Exhortación apostólica sobre la familia (1981) dice: "Exhorto calurosamente a los pastores y a toda la comunidad de fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solicita caridad que no se consideren separados de la Iglesia" (Familiaris Consortio 84).

* Los padres tienen su lugar propio en la celebración. Muchos probablemente se colocarán junto a los niños. Hay que darles la posibilidad de prepararse a la celebración eucarística de ese día organizado para ellos, junto a sus hijos, en el que estén disponibles algunos confesores.


5. INICIAR AL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

Cuando un niño se acerca al sacramento de la Reconciliación entran en juego la psicología del niño, no todavía perfectamente consciente de tanta realidad, la incapacidad del adulto de hacerse niño, de entrar en su piel para adaptar los gestos, las oraciones y las palabras y hacer trasparente a su sensibilidad y a su capacidad de comprender.

Conocer el mundo del niño

En un mismo grupo de niños puede haber muchas actitudes distintas hacia la Reconciliación. Hay quien la vive como algo que deja bastante indiferente para quien no se ha planteado nunca el problema de lo que está bien o está mal, qué cosa es o no pecado. Otros, sin embargo, son conscientes de la necesidad de pedir perdón. Otros todavía hablan con  desconfianza. Quinen desea ser perdonado, ve este sacramento como un alivio. Otros quizá piensan en una fuerza misteriosa que le impedirá pecar.

Puede influir sobre los niños también el lugar en el que se celebra este sacramento (aquellos extraños muebles en los ángulos de las iglesias) y hay quien no se siente cómodo frente  a un sacerdote...

* Hay que notar que los niños no comprenden con frecuencia las palabras que utilizan los adultos. Confesión es una palabra que, en general, no forma parte de su vocabulario. También la palabra Reconciliación es bastante complicada. Sin embrago, el Perdón es algo de lo que tienen experiencia, por ello esta palabra es más comprensible y familiar para ellos. Tienen ya la experiencia de ser perdonados y de sentirse liberados de un peso cuando son perdonados.

En vistas a la celebración del sacramento de la Reconciliación, es necesario ayudarles en seguida a entender que el sacramento perdona y cuál es la función del sacerdote.

Se puede partir de muchos episodios del Evangelio que presentan a Jesús en actitud de gran bondad también hacia los más "malos", que son invitados a hacerse "buenos". Y siempre el Evangelio muestra gestos de reconocimiento y de alegría de quien ha sido reconciliado y perdonado.

* La presencia del sacerdote ayuda a los niños a entender que el perdón de Dios les llega por medio de la Iglesia. Es Dios, en Jesús y en su Espíritu, quien perdona, sirviéndose de hombres para cumplir sus marabillas. El niño sabe bien que cada cosa le llega a través de los adultos y no se sorprende.

No dejarlo solo

Es inevitable que un niño cuando está por acercarse por primera vez al sacramentos de la Reconcilición pueda advertir una sensación particular. Pedir perdón es siempre un acto que nos pone ante Dios en nuestra soledad y nuestra desnudez. Un niño podría tener un sentimiento de confusión. Por esto, como ocurre en cada elección importante que lo implica a su edad, no se le puede dejar solo. Acompañarlo con afecto significa hacer de este momento algo serio y positivo, quizá inolvidable, y poner las premisas para que el pedir perdón sea para él un gesto significativo, productor de vida.

Mamá y papá, los primeros implicados

Son los padres los más implicados en esta tarea de sostenimiento. Todas las reflexiones que siguen hacen referencia a ellos. El catequista es invitado a prepararse para adquirir mayor competencia en su acción formativa en un sector importante y delicado. En la elaboración de estas reflexiones nos hemos inspirado sobre todo en un precioso material de Enzo Franchini: Come si confessano i bambini? (¿Cómo se confiesan los niños?) Manual para los padres (EDB), que aconsejamos vivamente a todos los padres y catequistas.

* El niño se sentiría ofendido si los padres no dieran al sacramento la misma importancia que le da él, le dejanse vivirlo solo. Puede ser que el uno o el otro (o ambos) padres no estén muy tranquilos con su fe. Quizá no practican en la Iglesia desde hace tiempo. Pero no es un buen motivo para abandonar a su hijo que está implicado de verdad ante el sacramento. En el fondo lo que hay que hacer es simple, incluso fácil.

Darle una conciencia

La primera tentación a vencer es pensar que los niños no tienen todavía una conciencia del mal y no tienen nada por lo que pedir perdón. Siempre la Iglesia ha afirmado que los niños también están en grado de responder a Dios. También para ellos es posible entrar en el misterio de la Confirmación, la Eucaristía, de la Penitencia cristiana. Tienen derecho a no ser excluidos. No hay nada grande que Dios no quiera compartir con ellos. No nos toca a nosortos impedir el abrazo de Dios. Negar a un niño, a un hijo, una orientación para decidir  qué está bien o está mal es una responsabilidad llena de consecuencias. Pero la cuestión es esta: ¿cómo ayudarlo a formarse una conciencia?

Juicio y prejuicio

Sobre la falta de conciencia de los niños y su incapacidad de hacer el mal existen muchas leyendas y muchos lugares comunes. ¿Pero a qué se reduce una educación que no prevea el error y la manera de repararlo? Presentamos un elenco de estos prejuicios:

  1. El niño es necesariamente inocente. No es verdad que el niño nace bueno y se desorienta cuando crece. También los niños, en su infancia, son capaces de maldades e incluso de crueldad. Pretenden mandar, humillar al débil, son capaces de destrozar todo lo de la casa.

  2. La culpa es siempre de la educación. No es verdad que una buena educación puede tener solo resultados positivos, y que la causa de los errores que uno puede cometer está fundamentalmente en los padres que han fallado en todo... En medio, está también la libertad del niño.

  3. Se debe silenciar el mal presente en el mundo. No es verdad que para salvaguardar la serenidad del hijo se deba esconderlo del mal que existe en el mundo, o en la misma familia. Será un gran día aquel que entienda que el mal es transformable, el pecado es perdonable.

  4. Se debe esconder el mal que hay en el niño. No es verdad que el niño vaya siempre elogiado, o al menos no vaya nunca acusado. Si los padres (y el catequista) quieren hacerle creer que lo que piensan siempre del niño es bello, bueno, positivo, llegará el momento en que se decepcionará amargamente. Y entonces él se sentir en la obligacion de fingir sobre sus pequeños dramas, vivirá en la verguenza secreta de no ser como todos se esperan que sea, aprenderá a esconderse.

Los derechos de la dignidad del niño

Incluso el niño más pequeño, ciertamente el bebé, tiene necesidad de aprender a juzgar eso que está bien y eso que está mal. Es inhumano obligarlo a decidir sólo sobre su moral. Quizá, en seguida,  querrá discrepar de las enseñanzas que le son dadas. Pero mientra es importante haberle dado la posibilidad de buscar y verificar si es coherente. Se dice que no es necesario crear tabús. Pero es éste el último tabú: no pronunciarse ante él y dejarlo sólo con su conciencia.

* Desde el principio un niño es capaz de sentir lo bello y lo bruto, el bien y el mal. No debe ser tratado como algo menor, evitándole durante mucho tiempo los valores éticos.

* No es la sociedad - o los padres mismos- quien crea la moral como un sistema de comportamiento. El deber moral toma parte del misterio que lo circunda, y así lo siente también el niño.

* También los padres laicistas deben cooperar -sin contradecir por esto sus convicciones- con la educación religiosa de su hijo. También el no creyente debe hacerse partícipe y corresponsable, y no sólo permitir a su hijo hacer catequesis en la parroquia.

Los mandamientos en positivo

Escribe Franchini: "Hay que esperar que los diez Mandamientos no sea todavía tomados como la lista de pecados de los que hay que rendir cuenta a un Dios que no concederá excepciones. En la práctica está mandado:

  • - reconocernos hijos de Dios;

  • - hacer fiesta con Dios en los días a Él consagrados;

  • - reconocer y respetar a los padres;

  • - creer en la paz;

  • - utilizar la sexualidad para decir amor y no egoísmo;

  • - ser sinceros en nuestras opiniones;

  • - ser libre frente al dinero

  • - crecer en el servicio al prójimo y a la sociedad.

El empeño de la catequesis por superar el legalismo y promover lo positivo  viene todavía más justificado por el hecho de que los mandamientos son releídos e integrados por las Bienaventuranzas evangélicas.

El pecado, lo contrario del amor

"Cuando no queremos amar a Dios sobre todas las cosas y a los otros como a uno mismo, entonces cometemos pecado". El pecado puede ser grave o venial: el pecado es grave "cuando rompe nuestra amistad con Dios y con los hermanos". No seremos juzgados por una ley, sino por el amor.

También los niños pueden entender muy bien, con nuestra ayuda, que uno no es capaz de amar sólo cuando crece, de modo espontáneo y sin esfuerzo. El amor no es una planta salvaje: no viene solo. Espontáneamente, crece sólo el egoísmo, eso es lo contrario al amor. no debemos tener miedo de decirles que hay una cosa sola la que es verdaderamente un mal, es el egoísmo.

Un ejemplo de examen de conciencia

Presentamos una "lista de pecados" que pueden servir en la educación moral de un niño. Será útil cuando se deba ayudar a prepararse a la Primera Reconciliación, pero también después.

  • - ¿Amas mucho tu comodidad? ¿Es para ti cómodo dejar la oración, no querer hacer los deberes, desobedecer?

  • - ¿Quieres siempre vencer? ¿Quieres siempre ser el mejor?

  • - ¿Te desanimas frente a una dificultad? ¿Lloras por nada?

  • - ¿Eres malo con los otros? ¿Hay algún compañero que no puedes soportar? ¿Has cogido el camino más fácil y menos valiente?

  • - ¿Tienes demasiadas cosas (libros, juegos...)?

  • - ¿Cuando te piden echar una mano, te haces de rogar?

Para quien no se ha dado cuenta, la lista no hace más que explicitar los llamados "pecados capitales", son siete. En cuanto al séptimo... ¿Hablaremos de sexo? Es necesario ser muy cuidadosos en el hablar de los comportamientos sexuales que, en un niño, no se ve como algo grave. Mientras sí es grave el problema general de la justa orientación ética que el niño debe gradualmente asumir, también el hecho de la sexualidad.

Respuestas y preguntas de los niños

Pregunta: ¿Cuándo debo confesarme ?

No hay una frecuencia fija. Es aconsejable confesarse al menos una vez al mes. Pero es importante que tú te confieses cuando sientas la necesidad de mejorar la conducta, después de un pecado que sientes como grave.

Pregunta: ¿Debo confesarme siempre con el mismo sacerdote?

No es necesario. Está bien que tú elijas un confesor que se convierta en un amigo y te conozca mejor:

Pregunta: ¿Qué pecados debo decir?

No aquellos de los que ya te has confesado. Es obligación decir las cosas que son graves. Cuando estás perdido, con ansiedad o verguenza, es bueno pedir consejo al confesor. Pero también a una persona de plena confianza.

Pregunta: ¿Puedo hacer la comunión sin confesarme?

Sí, no se confiesa cada vez que tienes que recibir la Eucaristía. Excluido el caso de culpa grave, por lo cual necesita reconciliarse.

Perdón: felicidad de Dios

Debemos anunciar a los niños la verdad de que Dios nos perdona. Con frecuencia atribuimos a Dios un humor inestable, y lo consideramos como un eterno insatisfecho. Olvidamos que el perdón hace feliz a Dios.

Nosotros tenemos una visión así de corta para no acogernos a cuánto necesario es Dios para nosotros. Nos parece poder vivir bien sin Él. Pero es Él quien no puede hacer menos por nosotros. Todas las parábolas evangélicas sobre el perdón concluyen describiendo la alegría incontenible del Padre que puede abrazar a su hijo. No se lee: "haced fiesta vosotros, porque os he liberado de la condena". Se lee sin embargo: "es el Cielo quien hace fiesta, el pecador convertido es la alegría de Dios". Es necesario eliminar del sacramento de la Reconciliación la imagen de una ritualidad deprimente y humillante.

También el modo en el que se celebra el sacramento es importante: no es lo mismo hablar de rodillas, en un confesionario, a través de una reja, con el sacerdote que se ve y no se ve, o hablar serenamente, sentados en un lugar bien iluminado, con un sacerdote que te sonríe y te acoge amigablemente con el Evangelio en la mano.


6. INICIAR A LA CONFIRMACIÓN

Durante varios años, en Italia, la Confirmación viene administrada no antes de los años de la escuela media, en el periodo de la preadolescencia. Así la preparación a la Confirmación se convierte, para estos muchachos en crecimiento, un tiempo precioso de maduración.

Un camino de maduración

La primera preocupación del catequista debe ser el de introducir en el camino de fe, propuesto al confirmando, en una situación de crecimiento, de expansión vital.

Los muchachos quedan molestos cuando deben repetir gestos ya demasiados conocidos y volver a escuchar cosas que forman parte de su patrimonio religioso hace años. Pero estarán seguramente disponibles cada vez que el catequista le enganche en su persona en crecimiento con actividad o búsquedas que le interesan.

Durante la preadolescencia los muchachos descubren un modo de ser ellos mismos nuevo, abren los ojos a un mundo y los otros: deberán encontrar un modo más auténtico de relacionarse con Dios.

El objetivo final de la catequesis está constituido por una nueva comprensión de la fe, menos formal y más personal, y por la fundamental decisión de acogerla en la propia vida.

Naturalmente todo dentro de una comunidad eclesial que le ayuda a madurar.

Los niños pasan por varios años de catequesis: la Confirmación debería llevarles a una fase de recogida, a una cierta "madurez" cristiana (recordando que se es llamado a proseguir durante toda la vida el camino de formación cristiana).

* Según las orientaciones de la Conferencia Episcopal Italiana, la Confirmación se recibirá en torno a los 12 años, dentro de un camino catequético guiado por el catecismo Sarete miei testimoni (Seréis mis testigos), un camino que dura dos años.

Seréis mis testigos (para niños de 11-12 años) se estructura entorno a la categoría "proyecto". El niño es llamado:

- a experimentar la vida cristiana como proyecto de Dios;

- a acoger/elegir personalmente y en la Iglesia este proyecto;

- a expresar la acogida/eleción del proyecto en el sacramento de la Confirmación y en un compromiso de testimonio cristiano.

Presentar el sacramento

En el desarrollo de un programa es necesario dar el justo relieve a la preparación específica a la recepción del sacramento de la Confirmación. Hay de hecho el riesgo que en dos años de preparación se hable de todo, más que de la realidad específica del sacramento.

* Para una adecuada preparación del a Confirmación los niños de esta edad, son sobre todo tres aspectos que hay que tener presentes:

  • - La Confirmación tiene sobre todo relación con el Bautismo: es cumplimiento. Ella confiere al Bautizado una "particular" fuerza del Espíritu Santo y la relaciona "con más firmeza" con la Iglesia; el confirmado está más estrictamente comprometido a obrar como un auténtico testigo de Cristo.

  • - La Confirmación desarrolla el Bautismo en la perspectiva de la vida eclesial y del testimonio misionero.

  • - La Confirmación recibida en los años de la preadolescencia tiene su particular significado. En concreto, dice que una persona bautizada en un momento importante de la vida como es el paso de la infancia a la adolescencia, robustecida por una recepción sacramental del don del Espíritu Santo:

  • * confirma con mayor consciencia y elección personal,

  • * en el seno de la comunidad eclesial y de frente al obispo o su delegado,

  • * la voluntad de proseguir en el camino de vida marcado por Jesucristo,

* haciendo comunión con el Dios uno y trino, con los hombres, con sí mismo, con la naturaleza.

Una esperanza para vivir y anunciar

La Confirmación es presencia viva del Espíritu Santo que guía a la relación verdadera y justa con Dios, en Jesucristo. Para comprenderlo y amarlo. Para colaborar con Él para la construcción de su Reino de paz.

Así los niños descubren que el Dios de la biblia es un Dios que nos sorprende: quiere ser aceptado no como un ídolo silencioso, que vive más allá de las nubes, indiferente a eso que ocurre en nuestro mundo y en nuestra vida; sino como un Dios que "se mancha las manos" por el bien de los hombres, y pide a cada uno de nosotros que nos "manchemos las manos".

La Confirmación es presencia activa del Espíritu Santo que nos hace similares a Cristo. Así, mirando a Jesús, el Hijo de Dios, los preadolescentes aceptarán las luchas como las ha aceptado Él, no se asustarán por los objetivos que deben alcanzarse, no tendrán miedo ante quien ironiza sobre su opción cristiana, sobre su modo de comportarse diferente respecto a los otros.

Es propio del Espíritu del Señor de la vida, del Señor resucitado que da su fuerza, que le hace testigo y le hace sentirse solidario con el mundo, en el estilo de las Bienaventuranzas proclamadas y vividas por Jesús.

Exigencia del acompañamiento

La catequesis para la Confirmación exige que los catequistas sean buenos acompañadores. Ellos de hecho son llamados a cumplir un servicio delicado y comprometedor, dada la sensibilidad y la realidad de los destinatarios. En particular deben ayudar a los muchachos a aceptarse a sí mismos en su fase de crecimiento, en las propias tensiones y contradiciones. Deben crear un clima de simpatía, esforzarse a entrar en la piel de los muchachos, para que éstos entiendan que sus catequistas saben vibrar con sus nuevas problemáticas, que los adultos podrán ser de ayuda para cultivar sus nuevos sueños. Tarea de los catequistas es también acompañar a los muchachos en su camino hacia la autonomía, y despertar en ellos la responsabilidad.

El rol de acompañador, ademas que el de catequista, debería ser sentido como propio por verdaderos padrinos y madrinas..

La aportación de los testigos

En este periodo de preparación será oportuno meter a los niños frente a testigos cristianos: jóvenes confirmados recientemente; adultos que puedan aparecer significativos y ejemplares a sus ojos. Estos testimonios ayudarán a los niños a acoger mejor, de un modo más concreto, los objetivos que deben alcanzar en su preparación a la Confirmación.

Carta al obispo y al párroco

Los niños son invitados a expresar la decisión de querer recibir la Confirmación con una carta en la que indiquen su disponibilidad para aceptar un periodo de preparación.  El ideal sería que la dirigieran al obispo que les dará el sacramento. Escribir al obispo ayuda a los niños a comprender la importancia del compromiso que está ligado a la Confirmación (es un compromiso con la Iglesia que es presidida por el obispo) y la referencia al Espíritu Santo (en su origen son los apóstoles y sus sucesores a infundir en la fe el don del Espíritu).

Con frecuencia el obispo se encuentra con los confirmandos algunas semanas antes de la Confirmación. Es una ocasión privilegiada para guiar a los niños a encontrarse su lugar, además de la comunidad cristiana, también en la diócesis: feliz de acogerlo, colaborará en su preparación.

La elección de los padrinos

Con frecuencia son los niños mismos quien eligen a sus padrinos. A veces son los padres, ques on probablemente guiados más por relación de familia o de amistad. El catequista no debe renunciar a sugerir que el padrino sea elegido entre quien podrá ser realmente acompañante en el camino de fe de los niños. Pero lo hace sin exigirlo, sin rigidez.

7. LA CONFIRMACIÓN TIENE SUS PROBLEMAS

El catequista que lee estas páginas podrá sorprenderse por el clima de... paz que en ellas se respira, mientras que lo que se ve y se siente es que en torno a la Confirmación hay mucha batalla...

Aquellos que han escrito estas páginas no ignoran la situación problemática de la Confirmación: reconocen la gravedad y esperan un cambio decisivo, tanto a nivel de reflexión teológica, bíblica, litúrgica, pastoral y catequética, como a nivel de práctica. La preocupación era aquella de no dar la impresión de una zona totalmente "cerrada por demolición", olvidando que todavía existe (y en un número considerable de personas). Dicho esto, es justo y obligado reclamar la situación porblemática en sus hechos esenciales.

¿A qué edad?

La XXII Asamblea de la CEI en 1983, haciendo referencia al canon 891 del nuevo Código de Derecho Canónico, fijó la edad de la Confirmación al rededor de los doce años. En armonía con esta opción, el nuevo "Catecismo para la iniciación cristiana de los niños y de los preadolescentes", vol. 3, Seréis mis testigos (1991) proponen un itinerario bienal de preparación a la Confirmación para los niños de 11-12 años.

* Una gran mayoría de diócesis se orientan a dar la Confirmación a los niños de 11 a 13 años. Y el catecismo Os llamo amigos, destinado para después de la Confiramción, en realidad viene utilizado para el segundo año de preparación.

* Un cierto número de parroquias y algunas diócesis eligen administrar la confirmación a los adolescentes entre 14 y 16 años. Otros la difieren hasta los 17-18 años. La motivación era que la Confiramción debía ser mejor vivida. El proyecto (al menos la esperanza) era que una prolongación de la catequesis favoreciera una respuesta adulta de fe. Aquella catequesis catecumenal que no era posible pedir a los niños en el Bautismo y para la Primera Comunión, se pensó poder pedirla a los muchachos más grandes. Pero este cambio no han dado los frutos esperados.

* Hoy un número creciente de muchachos no piden ya la Confirmación. Muchas diócesis están actualmente implicadas en preparar a la Confirmación a aquellos que piden la celebración del Matrimonio y les propone un camino serio, con dimensión catecumenal.

* Entre los expertos de catequesis, pero también en fase experimental, en algunas diócesis se está haciendo camino hacia la práctica antigua en el orden de los tres sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

* Ciertamente preocupa a todos el hecho de que la masiva presencia de los niños a la catequesis y a la liturgia disminuyera apenas lleguen a la adolescencia. El deseo de cambiar en cuanto a la edad de la Confirmación (con todos sus problemas teológicos y litúrgicos), motivan el empeño de encontrar vías pastorales nuevas, no ha sido resuelto de manera satisfactoria.

Qué profundidad

Sobre la problemática concerniente a la Confiramción (también el de la edad en la que darla), presentamos algunas reflexiones y tomas de postura que merecen atención.

  1. "El porcentaje de perseverancia  demasiado pequeño después de la recepción (precoz) de la Confirmación hace pensar que la opción hecha en aquel momento y en aquella edad no era sincera ni tenía la solidez suficiente: era algo postizo. Elemento positivo son los intentos y las experiencias de fijar metas posteriores precisas, como una profesión de fe preparada y hecha algunos años después de la Confirmación. Parece que de hecho se toma la experiencia de la Confirmación a los 16 años o más. Los resultados son en general buenos (un compromiso concreto, una nueva imagen de la Iglesia a la que se pude pertenecer, etc.). También se obtiene sobre todo donde existe una notable tradición cristiana, que ayuda y aprecia esta opción. En otras situaciones, el diferir la Confiramción podría llevar simplemente a no recibir más el sacramento, y sin lamentos". (Ubaldo Gianetto,Il Catechimo dei ragazzi, Ellidici).

  2. "La Iglesia ha admitido que los sacramentos de la iniciación cristiana sean dados en el curso de celebraciones distintas en el tiempo, por razones pastorales, por ejemplo para atender, en la parroquia, la venida del obispo, ministro ordinario del sacramento de la Confirmación, o, más reciente, para mejor preparar a los confirmandos, en el umbral de la adolescencia, cuando ellos son integrados ya en la comunidad cristiana donde profesan su fe y asumen su propio puesto activo y su responsabilidad de testigos de Cristo, gracias al Espíritu Santo. (...) Los pastores deben insistir sobre el nexo profundo que une la Confirmación al Bautismo, considerarla como parte

    integrante de la plena iniciación cristiana, y no como un suplemento facultativo, presentarla como el don de Dios que perfecciona al cristiano y al apóstol, sin reducirlo a una nueva profesión de fe o a un creciente empeño que se colocará en las distintas etapas de la vida; sobre todo se necesita evitar el reservarlo a una élite" (Juan Pablo II a los obispos franceses de la región de Midi en 1987).

  3. "La Confirmación va realizada en una edad en la que el hombre está en grado de hacer una elección personal y responsable. El niño entre 10 y 12 años puede sin duda comprender y realizar una parte de eso que la Confirmación significa. En el límite de la propia capacidad puede comprender y observar el mandamiento fundamental del amor a Dios y al prójimo. A su modo puede también ser testigo de Cristo. Todavía solo el joven puede asumir la responsabilidad en sentido pleno a través de la libre elección. Es entonces oportuno que reciba la Confirmación sólo en una edad en la que se está libre de un modo infantil y ha tomado conciencia de sí. Sólo entonces puede reconocer y aceptar la propia responsabilidad. Como consecuencia el sacramento de la Confirmación adquiere un nuevo peso pastoral; el confirmado viene introducido en la comunidad de los adultos. Se ofrece así el gancho para una intensa actividad pastoral dirigida a los jóvenes que son llamados a colaborar en la vida de la comunidad". Y entre las disposiciones, viene establecido que la Confirmación sea conferida a los jóvenes después de los 16 años, cuando se dan las premisas. Y concluyen:  "En la catequesis y en el anuncio nos esforzamos en dejar claro el sentido de esta decisión respecto a la edad" (EPISCOPADO DE LA ALEMANIA ORIENTAL, Pastoral de la confirmación, El Reino-doc.3/1973).

Otras opciones pastorales

Quien prefiere que no se introduzcan innovaciones radicales en la administración de la Confirmación, ha propuesto, por ejemplo, un camino catecumenal de los muchachos en el tiempo después de la Confirmación, que se concluya con una solemne "Profesión de fe". En este caso evidentemente el camino catecumenal está orientado a hacer tomar conciencia de cuanto ha acontecido en el Bautismo y en la Confirmación.

No será entonces un mecánico cambio de edad  con el que se resolverá los problemas relacionados con la crisis religiosa de los adolescentes.

El problema queda abierto y deberá ser afrontado. En cada caso se recuerda que las exigencias pastorales han movido muchas veces a la Iglesia hacia soluciones que con el tiempo han revelado toda su eficacia.

En el iniciar una nueva pastoral con los adolescentes, se deben evitar comportamientos no correctos y no justificados.

*Así todo, no se pude usar la Confirmación como reclamo para tener a los adolescentes más tiempo en la catequesis. Es cierto que se debe exigir un mínimo de seriedad, pero es necesario apoyarse sobre las motivaciones de otra naturaleza.

* No se puede reservar la Confiramción solo a una élite. Es posible sin embargo, exigir una disponibilidad mayor al empeño cristiano por parte de aquellos jóvenes a los cuales viene propuesta una solemne "profesiónde fe" después de haber recibido la Confirmación de más jóvenes.

* No se puede reducir a los futuros confirmandos a una burocrática y fiscal actividad catequética. El elevar la edad de la Confirmación y la propuesta de itinerario de corte catecumenal para prepararse a la recepción del sacramento vienen intrducidos en el cuadro de la pastoral juvenil local, con todo eso que tal pastoral juvenil comporta para ser verdadera.

La Voz del Papa Francisco


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